miércoles, 26 de enero de 2011

Emigración artística


Sabemos que todos los días hay artistas que se ven obligados a bracear con las dificultades que entre ellos apareja la búsqueda de la expresión, van a tierras extranjeras para ver en qué forma podrán resolver las exigencias del simple vivir, con el consecuente desarraigo y las esenciales dificultades con que tropieza el que se injerta en ajeno paisaje. No se trata de artistas hechos para las alegres soirees diplomáticas, o de los que viven en perennes nostalgia de paises de superior cultura, haciendo asco de cuantas preocupaciones por el arte o por la dignificación de la nación, han tocado a los mejores nuestros; sino, por el contrario, de aquellos que habían hecho de nuestras raíces nutricias, paisajes, hombres, objetos, el más firme conpromiso para que de ahí extrayese su obra, sus esencias y la evidencia o justificación de su hallazgo formal. Qué motivaba ese hecho monstruoso? Es decir, los afanosos en incorporarse un paisaje nuestro, que se ven obligados a trabajar en otro paisaje que percibirían como cosa prestada que los atraerá una estación para ver museos y espectáculos artísticos, pero que en lo profundo se mantendrá cerrado y banal frente a ese hombre de pasada en tierras ajenas. Porque pongamos las cosas en su sitio, no se trata del artista que en su adolescencia cierra sus valijas y va a anclarse en otro paisaje cultural, en momentos en que su sensibilidad necesita de esa dilatación. Sino todo lo contrario, quien está en momentos de apresar, de perseguir en sus variantes y laberintos una realidad, por no poder cumplir entre nosotros los más elementales modos del vivir cotidiano, de lo necesario perentorio, se ve condenado a un destierro infructuoso, a llevar su nostalgia por los museos de cera y a pasearse por paisajes que para él serán de alambre y de nieve forrada de algodón.

domingo, 9 de enero de 2011

La pintura cubana (segunda parte)


Es a partir de los años 30’ que se inicia el gran auge de la pintura moderna cubana. Desde entonces empezó un aumento, nunca antes visto, de las mejores y cada vez más frecuentes exposiciones en Cuba y el extranjero. Todo este inusitado movimiento cultural corría a la par de la salida de nuevas revistas de arte, literatura y publicaciones de todo tipo que van a fomentar el interés por lo que en Cuba estaban haciendo sus más jóvenes creadores. Empezaron a surgir coleccionistas del “arte nuevo” como lo fueron Bruno Gavica, Ramirez Corría, Luis de Soto, Lidia Cabrera y otros tantos, que iban a contribuir a despertar, con sus acciones, no sólo a los “oficiosos” de la cultura cubana de su “amodorramiento oficial”; sino que van a lograr traer un inusitado interés por un arte que recién nacía.

Sin hablar de la Primera exposición de arte nuevo, 1927 de la Revista de Avance en la Asociación de Pintores y Escultores de La Habana, Cuba, de la que ya hicimos referencia en la primera parte de este artículo, al año siguiente (1928) se realizó la Exposición Nacional de Bellas Artes y Décimotercer Salón Anual de Bellas Artes en el antiguo edificio del colegio de Belén en La Habana, Cuba. En esta muestra se dieron cita artistas representantes de la "vieja academia” como lo fueron Esteban Domenech, Enrique García Cabrera, Adriana Billini, Concha Ferrant, etc. Mientras la corriente modernista estaba representada por figuras de la talla de Víctor Manuel, Eduardo Abela, Antonio Gattorno y otros que se iban a convertir pocos años después en verdadero estandartes del primer movimiento modernista cubano.

A principios de la década de los 30’ (1935) se realiza La I Exposición Nacional de Pintura y Escultura en el Colegio de Arquitectos de de La Habana, Cuba. Donde se consolida, aún más lo “nuevo”. Aparecen creadores de la “vanguardia” como Jorge Arche, Arístides Fernández, Felipe Orlando, Amelia Peláez, Ponce, Carlos Enríquez, René Portocarrero, etc., junto a artistas representantes de la “academia” : Emilio Rivero Merlín, Gumersindo Barea, Ramón Loy, Mariano Miguel, etc. Cabe destacar, como dato curioso, que en esta muestra el salón de exposición se dividió en dos; en una parte estaba la pintura más “conservadora” mientras que en la otra se colocaron las obras de los llamados “vanguardistas”. Suceso que parecía sacado de ese viejo refrán popular que dice: “Juntos, pero no revueltos”.

La realidadad es que con ésta exposición se inició el camino para otros “Salones Nacionales” donde serían premiadas obras y artistas”. Posteriormente se sucedieron “Salones” similares que, aunque no fueron realizados de manera consecutiva; sino con irregularidad sirvieron para premiar el talento joven e ir cohesionando un arte más espontáneo y a tono con lo que estaba sucediendo en la capital del arte, por ese entonces, París. Un arte ejecutado con formas y maneras europeas, pero realizado desde presupuestos nacionales como lo fueron el campo cubano y sus míticos personajes. Tenemos el caso del negro cubano con toda esa carga de sincretismo religioso que produjo y aún produce algunas de las más hermosas leyendas plásticas del arte cubano. Al campesino cubano lo vamos a ver desde una óptica mucho más a tono con la realidad, mientras que el paisaje que lo envuelve se va a tornar mas naïf y transparente. La nueva manera de hacer arte está transformando el panorama plástico nacional. La arquitectura colonial, en la pintura de Amelia Peláez, se hizo línea y fluidez de color. La dura línea de piedra y el abigarrado barroquismo se tornaron tan suaves como el pliegue de un pañuelo de seda, mientras el color quedó atrapado entre vitrales y medio puntos para volverse el color de Cuba.

Así fue naciendo la pintura cubana, tan lenta como un largo bostezo americano fue su despertar tras el cual y luego de ingentes trabajos, incontables sacrificios y no menos frustraciones, fue naciendo un nuevo estilo, una nueva manera de hacer que la hizo diferente a otras y le dio fisonomía propia y un nombre: La Escuela de La Habana.

Roberto Cayuso

lunes, 27 de diciembre de 2010

La pintura cubana (primera parte)

Víctor Manuel (1897-1969) "Los novios"
01-Vida y muerte de la mulata por Víctor Patricio Landaluze

Hace casi un siglo que se inició el movimiento moderno en la pintura cubana. Movimiento que ha sido considerado por la mayoría de los especialistas como el período más importante y creativo de toda la plástica cubana. Anteriormente le antecedió un largo proceso de coloniaje español que duró casi cuatro siglos. Durante parte de esa época, desde el siglo XVI hasta finales del siglo XVII, fueron hechos algunos grabados de temas cubanos realizados por artistas europeos, muchos de los cuales jamás habían estado en Cuba. En las postrimerías del siglo XVIII surgen en el panorama nacional dos artistas nacidos en Cuba: Francisco Javier Baez (1746-1828) y Manuel Antonio Parra (1768-?), hijo de Nicanor Parra, que realizó los grabados para el libro de su padre sobre los peces en Cuba.

Posteriormente en el siglo XIX llegan a Cuba, atraídos por el desarrollo de la industria del tabaco y el movimiento gráfico que ello provocó, figuras como Hipólito Garneray (1787-1858), Federico Mialhe (1800-1868), Eduardo Laplante (1818) y James Gay Sawkins (1806-1879) entre otros.

En la pintura específicamente podemos citar a artistas como José Perovani (1765-1835) y Juan Bautista Vermay (1786-1833), este último primer director de la Escuela San Alejandro, fundada en La ciudad de La Habana en 1828. En el propio siglo XIX llega de España el pintor Víctor Patricio Landaluze (1826-1889), interesado en los temas costumbristas sobre todo en el mundo de los esclavos negros. Además de pinturas hizó ilustraciones, caricaturas y las famosas marquillas para tabacos como la conocida serie “Vida y muerte de la mulata” -ver ilustración 01- en las que colaboró Landaluze.

De los primeros pintores nacidos en Cuba tenemos en el siglo XVIII y primera mitad del XIX a Nicolás de la Escalera (1734-1804), Juan del Río (1748-?), Tadeo Chirino (1717-1791) y Vicente Escobar (1762-1834). En la segunda mitad del s.XIX arriban a Cuba extranjeros como Eliab Metcalf, Henry Clenewerk (1818-1901) y Valentin Sanz Carta (1849-1896). Cubanos como los hermanos Chartrand, los Melero y los Menocal, constituyero verdaderas familias de pintores y otros como Guillermo Collazo, Armando Menocal, Leopoldo Romañach, etc., también fueron destacados artistas de la época que con sus trabajos ayudaron a cohesionar e ir dándole una fisonomía propia al incipiente movimiento plástico cubano.

Ya inaugurada la república en 1902, y entrando a fines de la década de los diez, la academia cubana comienza a perder su influencia en el quehacer artístico cubano sobre todo a partir de la renovación artística que en europa trajeron los impresionistas, postimpresionistas, fauvistas, cubistas y expresionistas y que tuvo gran repercusión en Cuba. Artistas formados dentro de la Escuela Nacional de Arte San Alejandro, de La Habana, como lo fue Víctor Manuel (1897-1969), que hacia 1917 empieza a apartarse de los estrechos cánones estéticos de la academia y comienza a hacer una pintura más moderna y espontánea. La caricatura y la ilustración gráfica jugaron un papel más de avanzada que la pintura. Rafael Blanco (1885-1955) hace obras de estilo expresionista a fines de la década de los diez, mientras Conrado Massaguer (1889-1956), hacía caricaturas muy modernas para la revista Social en la década de los veinte; pero no fue hasta 1927 con la Exposición de Arte Nuevo que presentó la Revista de Avance en 1927, que el arte moderno en Cuba se vistió de gala con la muestra de obras de Víctor Manuel, Eduardo Abela (1889-1965), Carlos Enríquez (1900-1957) y otros muchos que en ese momento formaban parte de lo mejor de la vanguardia cubana.

Fueron las revistas de Avance y posteriormente Orígenes dos de las más importantes publicaciones de la época y tuvieron un papel primordial en el movimiento cultural de entonces. Críticos como Guy Pérez Cisneros, Lezama Lima, Gómez Sicre, Jorge Mañach, Edmundo Desnoes, etc. realizaron una labor enorme dentro y fuera de Cuba para la difusión y valoración de la nueva pintura.

Roberto J. Cayuso

lunes, 13 de diciembre de 2010

El paisaje de Pedro Amador

Tomando el entorno natural como punto de partida, Pedro Amador ha construído con múltiples recursos y gran energía un paisaje unitario que toma en cuenta cada detalle, por pequeño que sea, imprimiéndole un sentimiento íntimo a la vez que personal.

Guiado por la razón, pero sin aceptar limitaciones impuestas por el tema, se deja llevar en las alas de sus sueños hacia un universo de colores e imágenes que nos hablan de paisajes y donde manifiesta su gran sensibilidad presente en cada detalle y en cada línea donde sentimos vibrar su inspiración. En la representación de la pequeña hoja, en el tranquilo arroyo, o en la majestuosidad del mar siempre vamos a sentir una sensación de vida y frescor de orilla.

Pedro Amador es parte de esa nueva generación del paisajismo cubano, heredero de la vieja tradición de los hermanos Chartrand, Valentín Sanz Carta, Domingo Ramos y tantos otros que en su momento dieron lustre al paisaje cubano.

Pedro es, sin dudas, un talentoso creador y figura destacada en el mundo del paisaje. Sus inspiradas obras dejan en nosotros una huella perdurable producto del contacto con su arte magistral.

Roberto J. Cayuso

domingo, 28 de noviembre de 2010

José Mijares: "El color sin fronteras"


Mijares es uno de los grandes de la pintura latinoamericana y un auténtico creador, dotado con un peculiar estilo con el que es capaz de reunir en un determinado orden líneas y colores. Creando un todo capaz de una existencia estética que trasciende el tema. En su pintura se aprecian elementos surrealistas en lo referente a la irracionalidad que nos muestra a través de seres, algunas veces inertes y descarnados, que en ocasiones de mezclan o convierten en caprichosas formas geométricas que evocan temas espaciales y donde la imaginación se recrea con lo inverosimil en su eterna busqueda de nuevas formas.

Roberto J. Cayuso

El color sin fronteras, es un documental que nos adentra en la órbita de Mijares. A través de él conocemos como transcurrió una parte de su existencia e inquietudes. Casi sentimos que somos llevados de su propia mano, mientras nos va narrando pasajes de su vida y de la época que le tocó vivir.
Este documental fue dirigido por Willy Vázquez, mientras que la narración y la investigación histórica estuvo a cargo de Roberto Cayuso.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Realismo Socialista

05-Hitler y Lenin (pinturas)

04-Carteles propagandísticos de Alemania y Rusia durante la Segunda Guerra Mundial en los que aparecen Hitler y Stalin

03-La defensa de Sebastopol por Alexander Deineka

02-Lenin y sus seguidoress, 1927


01-Los picapedreros (1848) de Gustavo Courbet.--Mujeres planchando por Degas.--Las recogedoras por Millet

Los orígenes del “Realismo Socialista” se encuentran en el “Realismo”, un movimiento artístico que tuvo su desarrollo a finales de la primera mitad del siglo XIX y que muy bien definió el crítico de arte Castagnary como “un arte que es la expresión de la vida bajo todos sus modos y en todos sus grados” y en el que se prescinde de todo intento de modificación tendiente al embellecimiento del tema y, por el contrario, son tratados asuntos de la vida diaria en los que destacan trabajadores, obreros y campesinos. (ver ilustración 01)

El “Realismo Socialista, aunque lo vemos durante la Rusia stalinista e incluso antes, desde el triunfo de la “Revolución de Octubre” (1917) -ver ilustración 02-, no fue hasta principios de los años ‘30 que se impuso como un estilo muchas veces monumental y de un carácter decididamente épico, a la vez que heroico que lo diferenció del “Realismo”. (ver ilustración 03)

Cabe destacar que igual que casi todo movimiento plástico que tiene sus ideólogos que escriben manifiestos y establecen lineamientos a seguir dentro del movimiento. También cada movimiento social ha deseado ser representado por una corriente plástica que a la par que lo legitime lo de a conocer. A lo cual no fue ajeno este movimiento que tuvo en la figura del dramaturgo alemán Bertolt Brecht (1898-1956), uno de sus mayores propugnadores.


Muchas veces se ha dicho que el “Realismo Socialista” es “una corriente estética cuyo propósito es llevar los ideales del comunismo al terreno del arte”. Lo cual es cierto, pero sólo en parte, pues se olvida que además de representar los ideales comunistas sirvió para fines similares a la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial (ver ilustración 04 y 05).


Hay algunos especialistas que plantean que “no puede hablarse de un estilo o lenguaje artístico nazi, pues éste no es un movimiento autónomo o una actitud poseedora de base estética.” La realidad es que tan discutible es la base estética del llamado "arte nazi", como lo es la del “Realismo Socialista”, en cuanto a que cada uno subordinó la estética a la política y ambos por igual se valieron de un arte ecléctico conformado por ingredientes tan diversos como lo son el arte griego, el renacimiento y el barroco; usados con formas y en actitudes destinadas a la exaltación de ciertos ”valores patrios” con fines propagandísticos.

Roberto Cayuso



domingo, 14 de noviembre de 2010

La angustia

"El grito" de Edvard Munch

El concepto de angustia aparece muy relacionado con el problema de la moral, de modo que llega a constituir uno de sus principales componentes, y a este respecto dice el propio Sartre: “El existencialismo suele declarar que el hombre es angustia. Esto significa que el hombre que se compromete y que se da cuenta de que es no sólo el que elige ser, sino también un legislador, que elige al mismo tiempo que a sí mismo a la humanidad entera, no puede escapar al semtimiento de su profunda y total responsabilidad.”

Como se ve, Sartre concibe la angustia como el sentimiento que produce en el hombre la conciencia de que cada una de sus decisiones lo afecta no sólo a él, sino también a los otros. O sea que la angustia es para Sartre un estado de ánimo que revela la preocupación por el mundo en cuanto se refiere a la posibilidad de actuar en él, como igualmente por lo que toca a sus resultados. Porque, además -y en esto se aparta Sartre bruscamente de Heidegger cuando escribió: “nunca podemos elegir mal; lo que elegimos es siempre el bien, y nada puede ser bueno para nosotros sin serlo para todos”. Lo cual equivale a afirmar que existe una predeterminación del mundo en el hombre y reciprocamente, sin la cual ni hay ni puede haber ni existencia ni mundo.

En Heidegger, por el contrario, en su filosofía, la angustia no la produce el mundo concreto de las cosas y los sucesos. Es el mundo como tal, la pura mundanidad la causa de la angustia. Por el contrario de lo que afirma Sartre, para Heidegger la angustia reduce, pulveriza y aventa esas circunstancias del mundo como tal que son el mundo del trabajo y el mundo circundante, el de cada cual en el mundo en su estado puro. De modo que la angustia que experimenta el "Dasein" la debe a sí mismo, y tiende, no como en Sartre a procurar una realización de la existencia que nos afecta individual y colectivamente, sino a escapar de ese mundo de la inautenticidad para retornar, en la medida de lo posible, por lo menos al sentimiento de la situación original, que devuelve al hombre su dignidad existencial.

Humberto Piñera Llera 1911-1986
Profesor cubano de filosofía y de literatura, nacido en Cárdenas y fallecido en Houston, Texas. Se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana en 1942, siendo luego profesor y, desde 1955, catedrático en la misma. Colaboró con Roberto Agramonte en la organización y edición de la Biblioteca de Autores Cubanos, colección que publicó a los grandes pensadores cubanos del siglo XIX. Fue uno de los fundadores en 1945 del Grupo filosófico-científico de La Habana.