lunes, 30 de mayo de 2011

Visiones del color (Pedro Avila Gendis)




El sentido del orden, la combinación de planos y transparencias, el expresarse por las manchas y hacer del color un estallido de la personalidad, ha sido norma pictórica en artífices de distintas regiones y naturalezas. Pedro Avila (Camaguey, 1959) se inscribe en ese tipo de pintores.

Como lanzado al ruedo de la pintura que quiere agradar, produce visiones eclécticas que de alguna manera tienden un puente entre la gestualidad abstracta y el espacio de seguimiento fauve que no ha dejado de estar presente en los realizadores contemporáneos. Posiblemente bajo la influencia ocular del colorido paisajístico cubano, nos entrega ahora una lluvia de pinceladas, gestos y diseños, que quieren golpearnos con la furia de las tonalidades, y esa luz que sabe ubicar en el lugar preciso dentro del cuadro...

Visiones del color es un documental dedicado al artista Pedro Avila donde se recogen, en sus doce minutos de duración, críticas y comentarios de valiosos especialistas así como algunas de sus más recientes obras. Art Works Productions, tiene el placer de presentar al gran público este trabajo documental -bilingue- en inglés y español de uno de los más importantes exponentes del expresionismo abstracto en la actualidad y poseedor de numerosas exposiciones, premios y distinciones en diferentes partes del orbe.

Producción y dirección de Roberto J. Cayuso

www.youtube.com/watch?v=0e1UFI7XlI4

domingo, 17 de abril de 2011

El Neoclásico

"Muerte de Marat" por Jacques-Louis David

"Retrato de Mme. Recamier" por Jacques-Louis David

“Grande Odalisque” por Jean-Dominique Ingres

"El juramento de los Horacios" por Jacques-Louis David

Para entender lo que representó el neoclásico en la pintura tenemos que verlo como una especie de retorno a los ideales clásicos; un movimiento estético que en un principio muchos consideraron como un estilo “frío e imitativo de los modelos de Grecia y Roma”, mientras por otra parte tenía mucho de reacción ante los excesos del tema mundano o cortesano que caracterizó al movimiento rococo, última fase del barroco y antecedente inmediato del neoclásico.

Se ha repetido de manera incesante que “al no disponer de modelos de pintura clásica los artistas neoclásicos se basaron en la esculturas clásicas para la realización de sus obras, a las que posteriormente aplicaban un color convencional o simplemente dejaban sin color”. Definitivamente la vida suele ser más complicada y ayer igual que hoy la mayoría de los amantes de las artes han sido y son lo suficientemente profundos como para aceptar una explicación tan difundida como simplista, que sólo ha logrado añadir confusíon a uno de los períodos más importantes en la historia del arte.

Cualquier espectador situado ante la “Grande Odalisque” del pintor francés Jean-Dominique Ingres (1780-1867), no verá nada semejante al frío mármol escultórico, pues por el contrario va a maravillarse al ver como el artista supo sacar partido a líneas y colores para crear la belleza de un desnudo de turgentes y palpitantes carnes que invitan a ser tocadas. Por otro lado como alguién puede referirse de la pintura el Juramento de los Horacios de David como “la aplicación de un color convencional.” De esta obra, y sin entrar en un análisis profundo, hay dos aspectos claves que no queremos dejar de señalar; el primero tiene que ver en como David balancea la luz de ambos grupos laterales para resaltar la figura central que porta tres espadas y viste una túnica roja que surcada de pliegues establece un espectacular juego de luz y sombras sobre un fondo que casi al perderse en el negro crea un ambiente de dramático heroismo y acentuada tridimensionalidad.

Y para aquellos que dicen que los artistas neoclásicos “al no disponer de modelos de pintura clásica se basaron en las esculturas del período clásico para la realización de sus obras”. Nada más lejos de la verdad resulta esta afirmación, pues lo que en muchas ocasiones hicieron fue desarrollar sus obras en base a viejas leyendas históricas o la propia mitología griega o romana. Tomando como ejemplo el cuadro que nos ocupa -El Juramento de los Horacios- del cual se conoce que su autor, Jacques-Louis David (1748-1825) tomó este episodio del historiador romano Livy, para exaltar los ideales republicanos de la Francia de finales del siglo XVIII.

La pintura neoclásica posee algunas características de estilo y formas que las hacen facilmente reconocibles. Una de ellas es aquella donde se resaltan las virtudes patrióticas o ciudadanas en los temas representados (ver Muerte de Marat por David). La simple y serena belleza de algunos personajes como en el caso del retrato de Mme. Recamier, es otra de las características de una escuela que por sobre todo se destacó por la representación de temas de sobria y austera moralidad.

Roberto J. Cayuso

domingo, 10 de abril de 2011

La vanguardia


Sin entrar a considerar las condiciones socio-políticas que produjeron la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y que en no poca medida influyeron en el nacimiento y posterior desarrollo de la más grande revolución plástica de todos los tiempos que va a cambiar para siempre la forma de hacer y entender un nuevo arte que tenía su antecedente inmediato con los post-impresionistas y otros artistas anteriores que de manera aislada, a través de sus trabajos, fueron decisivos en la nueva formulación de colores y contenidos que los van a colocar como precursores de ese nuevo arte que ha de traer consigo el siglo XX. En este nuevo siglo del cual muchos fuimos testigos de la mayor revolución estética nunca antes vista y en donde serán desmontados siglos de una manera de hacer arte y que trajo como consecuencia la mayor revolución estética de la historia cuyo sello distintivo será el progresivo abandono de un arte imitativo para dar paso a una expresión nacida de la emoción y el sentimiento.

La exposición universal de París de 1900, que duró desde el 15 de abril al 12 de noviembre fue el punto de arranque para que esta ciudad se convirtiera en el centro de diversos movimientos artísticos que iban a dominar el escenario plástico durante casi medio siglo. Aquí tuvieron su desarrollo la mayoría de las nuevas corrientes plásticas y aquí también se les dio acogida a numerosos artistas, que además fueron apoyados para expresarse y exponer sus obras sin ningún tipo de limitaciones, en una ciudad, donde está documentado que en los primeros cincuenta años del siglo XX existieron unas 130 galerías en las que expusieron unos 60,000 artistas

Conscientes de formar parte de una revolución artística en la que se encontraban algunos de los más notables creadores del momento, muchos de estos artistas trabajaron en grupos de mayor o menor extensión y así contribuyeron al desarrollo de nuevas formas de sentir y hacer un arte en el que los más variados estilos van a sucederse con una velocidad nunca antes vista en la historia del arte.

En 1905 nació oficialmente en Paris el fauvismo, en el Salón de Otoño y al año siguiente alcanzó su punto culminante en el Salón de los Independientes, iniciándose así una nueva forma de hacer que fue decisiva en el posterior desarrollo de la pintura y el arte en general del siglo XX y que es justamente el punto de partida de lo que hoy conocemos como el arte contemporáneo.

Con los fauves y su particular uso del color, nunca antes visto, comenzaron los mayores cambios en la expresión de una nueva y hasta ahora desconocida belleza que va a exigir a los espectadores un cambio de actitud ante las nuevas creaciones.

Roberto Cayuso





lunes, 14 de marzo de 2011

El desnudo

01-La Venus de Willendorf (Paleolítico Superior) 02-El Fauno Barberini (Helénico Griego)

03-Patroclo, por Jacques-Louis David (1780). 04-La Maja Desnuda por Goya

05-"Desnudo sentado" por Pablo Picasso 06-"Desnudo en verde" por Pablo Hernández

Dentro de los grandes temas de la pintura universal, a través de los tiempos, el desnudo ha jugado un importante papel. Lo vemos como tema central en el más recatado desnudo de la pintura religiosa o en el más atrevido tema erótico de nuestros días. A la manera clásica o a veces estilizados hasta la deformación, se nos presentan los desnudos plenos de líneas curvas a las que se refirió Raymond Bayer: “como las que mejor aceptan nuestros ojos por ser la que más facilmente se adapta a nuestra visión”. De cualquier manera y más allá de que se trate de desnudos femeninos o masculinos éstos han ejercido en nosotros una atracción a menudo tan difícil de entender como de explicar y eso es lo que hoy vamos a explorar, pero antes de entrar en materia siento la necesidad de recordar que en algunas culturas el simbolismo del desnudo se desarrolla en dos direcciones: “La de la pureza fisica, moral, intelectual y espiritual, en ocasiones de carácter mágico o religioso, y por otro lado la de la vanidad lasciva, provocante, que desarma al espíritu en beneficio de la materia y de los sentidos” y de la que no nos ocuparemos en este estudio por rebasar los marcos de este análisis estético.

Para comenzar este breve recuento del desnudo se hace obligatorio comenzar con aquellas pequeñas estatuillas que representan desnudos femeninos de formas plenas y estilizadas hasta la deformidad (lámina 01), ejecutados hace miles de años, por verdaderos artistas del paleolítico superior, con fines rituales de fertilidad para algunos especialistas, mientras que para otros -los menos- eran hechos como el máximo exponente del ideal de belleza prehistórico. En cualquier caso lo incuestionable es que en tan temprana época de la humanidad la idea de plasmar el desnudo ya era un hecho.

Dando un gran salto en la historia entramos en el arte Helénico Griego y vemos en el mismo al Fauno Barberini (lámina 02), muchos siglos después, y nos percatamos que el interés por la representación del desnudo no ha decaído, aunque sí han variado las formas y maneras de abordar el tema. En este caso el denudo del fauno es el pretexto usado por el artista para mostrarnos a través del más fino cincelado de mármol de Pérgamo, la figura desnuda del sátiro Barberini mientras descansa en displicente actitud.

Con posterioridad y andando a grandes zancadas por la historia del arte que en esencia viene a ser como la parte gráfica de la historia de los pueblos y sus culturas, nos topamos con dos desnudos diferentes (lámina 03 y 04), pero ambos de impecable factura realista que nos muestran que el desnudo en las artes no sólo no se detuvo, sino que ha ido evolucionando paralelo a las nuevas formas de hacer y ver el arte y que siempre ha ejercido sobre creadores y espectadores una extraña fascinación que no ha dejado de perder actualidad por estilizada, deformada o fragmentada que nos parezca (ver lámina 05 y 06), pues el arte en lo general y el desnudo en particular van a seguir teniendo las formas más disímiles de manifestarse y todas serán válidas en esa eterna búsqueda de la belleza.

Roberto J. Cayuso

lunes, 28 de febrero de 2011

"El instante" por André Masson

André Masson (1896-1987)

"Slays", 1931 por André Masson

Por un momento contemplemos cómo se comporta la naturaleza; persuadirse de aquello que da esencialmente señales de vida: el aire y la luz.

Contentarse con comunicar a través de un aspecto de las cosas; este aspecto sería el más tenue, el más fugitivo.

Abandonar la ideografía, renunciar al espacio lineal y refugiarse en el espacio aéreo: esto sería penetrar instantáneamente en otro mundo.

La tendencia por lo primitivo introdujo el diseño en la obra pictórica y se manifiesta por la limitación del contorno que separa un objeto de otro, la luz real -la viva- no es de una parcialidad tan abusiva.

Disuelve las arquitecturas; prescinde de toda macicez.

La luz, decía un pintor de antaño, es como el agua; toma bien o mal su curso y al instante recobra su nivel.

Pequeña historia de la luz pictórica. En la pintura verdaderamente primitiva, dedicada a fines didácticos o teológicos, el contorno es primordial, es decir el signo; el color es secundario, interviene en forma expresiva o simbólica; la luz es abstracta.

Por lo tanto, en la medida que el arte de la pintura se emancipa, y se transforma en expresión lírica -e individual- la luz se impone amorosamente. La luz es una consecuencia, exquisita o patética.

Pintar es hacer aparecer, sobre una superficie vacía, las formas; más es menester sugerirlas por la luz, en vez de precisarlas con las líneas. Este empeño - el de la emancipación pictórica- es el más generoso y desarrollado (tengamos en cuenta la excelencia de aquellos que se lo propusieron); ha dado gloria a la pintura de caballete, y ésta sigue siendo, en Occidente, la forma en que se ha manifestado la gran pintura...

André Masson

lunes, 14 de febrero de 2011

El impresionismo del pintor venezolano Emilio Boggio

03- Atardecer

02- Fin de jornada

01- Le moulin de Perigny

Emilio Boggio (1857-1920). Es uno de los pintores venezolanos más importantes de todos los tiempos y su nombre y obras han trascendido las fronteras nacionales para convertirse en patrimonio de la humanidad. Se trasladó a París, en compañia de sus padres, a la edad de siete años (1864) y realizó estudios académicos regulares hasta 1873, año en el que regresa a Venezuela donde permanecerá hasta 1877. Luego retorna nuevamente a París para comenzar estudios formales de arte en la academia Julian. Algún tiempo después empieza a recibir honores en formas de premios y distinciones de todo tipo por su actividad pictórica. En 1888 gana una “Mención de Honor” en el “Salón de Artistas Franceses” y al año siguiente (1889) logra una medalla de bronce en la “Exposición Universal de París”, mientras que en 1899 fue igualmente premiado en el “Salón de Artistas Franceses”. Hasta aquí todos estos premios fueron ganados en “Salones Oficiales”, o lo que es igual: fueron premios académicos otorgados a trabajos dentro de los cánones estéticos de la academia. Algo que no iba a durar mucho más tiempo.

En 1900 y en ocasión de la exposición retrospectiva “Cien años de la pintura francesa”, fue que Emilio Boggio conoció a Claude Monet (1840-1926) y Camille Pisarro (1830-1903), dos de los más importantes artistas impresionistas y ambos figuras claves de dicho movimiento. Este encuentro va a ser decisivo en el posterior desarrollo plástico de Boggio, que se va a apartar definitivamente de la rigidez del modelo académico y su detalle minucioso para comenzar a hacer una pintura más suelta al aire libre, llena de color-luz y más centrada en los efectos de la luz natural sobre los objetos que pueblan los temas de nuestra vida cotidiana y que se llamó “impresionismo” (lámina 01). Este fue su punto de partida para las nuevas corrientes estéticas que muy pronto van a constituir el llamado arte contemporáneo y en las que va a estar presente.

Tras años de dedicación a la pintura impresionista y cuando aún este estilo disfrutaba de plena actualidad, vemos en Emilio Boggio operarse una segunda evolución -recordemos que la primera fue de la academia al impresionismo- que lo llevó a incursionar en el postimpresionismo, el estilo de sus contemporáneos Georges Seurat (1859-1891) y Paul Signac (1863-1951).

Desde esta nueva perspectiva plástica pintó obras del llamado “puntillismo” o “divisionismo”, de las que hoy se conservan algunas (ver lámina #02 ). Posteriormente va a pintar algunos cuadros que por su modernismo van a estar muy próximos a la abstracción, aunque esta no fuera su intención (ver lámina #03). En el caso de Boggio no puede aducirse lo mismo que con Monet, donde muchos especialistas aseveran que toda esa aventura plástica, decididamente abstracta de Monet en el estanque de su jardín en Giverny se debía a problemas visuales, pues hasta donde sabemos nunca se ha hablado de las “cataratas” de Emilio Boggio.

Por aquello de que “De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”, hemos leído muchas veces que Emilio Boggio fue pionero del impresionismo en Venezuela. Lo cual es cierto y no es tema a debate, pero el caso real es que con esa afirmación se está desconociendo que la labor de Emilio en Europa trascendió ampliamente los marcos de su frontera natal, pues fue grande entre los grandes; aunque en la actualidad, como con otros tantos creadores, permanecen en el lado oscuro del conocimiento público por falta de divulgación, pero no de genealidad.

Roberto Cayuso



miércoles, 26 de enero de 2011

Emigración artística


Sabemos que todos los días hay artistas que se ven obligados a bracear con las dificultades que entre ellos apareja la búsqueda de la expresión, van a tierras extranjeras para ver en qué forma podrán resolver las exigencias del simple vivir, con el consecuente desarraigo y las esenciales dificultades con que tropieza el que se injerta en ajeno paisaje. No se trata de artistas hechos para las alegres soirees diplomáticas, o de los que viven en perennes nostalgia de paises de superior cultura, haciendo asco de cuantas preocupaciones por el arte o por la dignificación de la nación, han tocado a los mejores nuestros; sino, por el contrario, de aquellos que habían hecho de nuestras raíces nutricias, paisajes, hombres, objetos, el más firme conpromiso para que de ahí extrayese su obra, sus esencias y la evidencia o justificación de su hallazgo formal. Qué motivaba ese hecho monstruoso? Es decir, los afanosos en incorporarse un paisaje nuestro, que se ven obligados a trabajar en otro paisaje que percibirían como cosa prestada que los atraerá una estación para ver museos y espectáculos artísticos, pero que en lo profundo se mantendrá cerrado y banal frente a ese hombre de pasada en tierras ajenas. Porque pongamos las cosas en su sitio, no se trata del artista que en su adolescencia cierra sus valijas y va a anclarse en otro paisaje cultural, en momentos en que su sensibilidad necesita de esa dilatación. Sino todo lo contrario, quien está en momentos de apresar, de perseguir en sus variantes y laberintos una realidad, por no poder cumplir entre nosotros los más elementales modos del vivir cotidiano, de lo necesario perentorio, se ve condenado a un destierro infructuoso, a llevar su nostalgia por los museos de cera y a pasearse por paisajes que para él serán de alambre y de nieve forrada de algodón.