
Ernst Ludwig Kirchner

Antes de comenzar a comentar sobre el expresionismo, y más allá de su origen, debemos tener presente que por encima de un movimiento artístico está el hecho de que el expresionismo es una actitud en donde las emociones del artista son las que van a determinar el uso de formas y colores.
En el año 1905, un grupo de jóvenes artistas alemanes compuestos por Ernst Ludwig Kirchner, Fritz Bleyl, Erich Heckel y Karl Schmidt-Rottluff, entre otros, crearon Die Brucke (El Puente) en la ciudad alemana de Dresde. El Puente fue el primer grupo artístico al que se le atribuye la creación del llamado Expresionismo Alemán. Movimiento estético de innumerables ramificaciones y matices que fue influenciado por la pintura de los post-impresionistas Vincent Van Gogh y Paul Gauguin.
Es con los expresionistas donde la pincelada se hace violenta, empastada y agresiva en un escenario de intenso dramatismo. Aquí sus personajes más que seres humanos son seres de formas retorcidas que se mueven en composiciones agresivas con colores fuertes y puros en donde la luz y la perspectiva son alteradas con toda intención para que así predomine el sentimiento sobre el pensamiento, pues estos artistas expresionistas no pretenden por medio de sus trabajos ni describir situaciones ni hacer literatura, sino expresar emociones tan intensas que, en ocasiones, llegan a deformaciones en los personajes, que pueden parecernos excesivas, en sus afanes de expresar angustiosos sentimientos, pues es la angustia existencial del hombre el eje fundamental en una manifestación estética en donde el color, emparentado con el fauvismo por el uso de tintas intensas y contrastadas, perdió toda la intención decorativa de los fauves.
La filosofía de los expresionistas era la de lograr un trabajo en equipo, con un lenguaje en común, frente a la idea del ansia individual y estética del artista. “Es de los nuestros aquel que desea crear sin falseamiento alguno”, decían, a la vez que proclamaban, haciendo referencia al pensamiento de Nietsche: “La vocación del ser humano es de tránsito y nunca de meta”.